La central obrera que necesitamos

El Congreso Nacional de la CGT definió su conducción y su política ante el plan de ajuste, saqueo y represión de Milei y los gobernadores, entre dos sectores aparentemente disímiles: los «dialoguistas» como Martinez (UOCRA) y los «rebeldes» como Furlán (UOM).  Pero en sus respectivos sindicatos practican la misma política de acuerdos salariales a la baja (pese a los distintos básicos), contratos precarizados, convenios flexibilizados y aislamiento de las luchas y reclamos. 

Porque no viven ni ganan como sus «representados» y porque integran las distintas vertientes del frente peronista Fuerza Patri -que no tiene un plan económico distinto al del gobierno-, ponen las organizaciones gremiales al servicio de las patronales, cuando no se asocian directamente, como Brunelli (UOM) o Moyano (Camioneros). «Dialoguistas» y «rebeldes» sólo se levantan de sus sillones cuando ven peligrar sus privilegios como funcionarios «obreros». ¿Lo harán ahora? ¿Qué hará la «Mesa Sindical» de la Federación Aceitera, ATE, CTERA, APLA, SIPREBA, CICOP, etc.? ¿Y el «Frente de Lucha por la Soberanía, el Trabajo Digno y los Salarios Justos» de la CATT, UGATT, UTEP, CTAs, UOM, etc.?

Para que los sindicatos y las centrales obreras verdaderamente defiendan los intereses del movimiento obrero, necesitamos una nueva conducción que -para «recuperarlos»- se proponga revolucionarlos, con medidas estatutarias tales como: la elección directa de las comisiones directivas (un trabajador, un voto), para no prestarse a trenzas en colegios electorales o similares; la proporcionalidad en los cargos según la cantidad de votos de cada lista, para que todos estén representados en igualdad de condiciones; la proporcionalidad de las mujeres según la composición de cada gremio; salario de los directivos igual al que cobran en su lugar de trabajo, al cual deben volver luego de un mandato; toda negociación y plan de lucha debe ser decidido por las asambleas de base; cuota sindical recaudada directamente por los delegados en los lugares de trabajo, para que haya un control por las bases de los fondos sindicales; fondo permanente de lucha para apoyar los conflictos. 

Son medidas que garantizarían la democracia y la independencia sindical de las patronales y su estado, contra la Ley de Asociaciones Sindicales que aseguran la perpetuidad de dirigentes que hacen carrera por más prebendas. En realidad, esta ley debería tener un solo artículo que diga: “las organizaciones de trabajadores tienen libertad para darse la asociación que mejor sirva a sus intereses”. 

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