Se realizó en Chubut el Operativo Kekén, entre el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Fue una simulación de defensa ante un ataque hipotético a los pozos petroleros. Participaron 3.200 efectivos, 315 vehículos, 46 unidades y se empleó por primera vez en la provincia el sistema de misiles RBS 70NG. Fueron utilizados blindados Striker de origen norteamericano, junto a TAM argentinos.
Fue organizado como un escenario simulado de ataque coordinado desde el norte y el sur del país. Se trata de un cambio doctrinal, “que cambia los protocolos de defensa nacionales” (El Patagónico del 29 de abril).
Es evidente que ese escenario no responde a ningún ataque exterior, sino a una hipótesis de enfrentamiento interior, que solo podría darse en caso de lucha popular. Las Fuerzas Armadas se preparan para defender los capitales e inversiones multinacionales contra los trabajadores y el pueblo de nuestro país, ante demandas laborales o de defensa del Medio Ambiente o los recursos naturales.
Es parte de un intento de modificación de la Ley de Seguridad Interior que impide a las Fuerzas Armadas participar de represión interna. Va de la mano del proyecto de utilizarlas para Inteligencia contra opositores, y el impulso a la presencia de militares estadounidenses en suelo argentino, tal como el gobierno viene haciendo en bases de la Armada, o en ejercicios conjuntos en Moreno, en el AMBA. O la intención de hacer en Ushuaia una base militar conjunta.
Se están dando pasos enormes en la postración de la soberanía por orden de Donald Trump a su asistente, Javier Milei. Es una necesidad enfrentar este curso, comenzando por difundir estos hechos. Llamamos a las centrales obreras, sindicatos, organizaciones sociales, de DDHH y políticas, a rechazar este tipo de acciones, hasta terminar con ellas y todo proyecto de esta naturaleza.