Las clases capitalistas que dirigen a la Argentina, imperialistas o nacionales, vienen
deteriorando hace décadas la situación de la clase obrera. En febrero se votó en el
Congreso la Reforma Laboral dándole legalidad a un retroceso permanente. Fue un nuevo
y tremendo golpe al nivel de vida de la clase trabajadora. Desde la “vuelta de la
democracia”, los poderes del Estado, y en especial el Parlamento, han actuado contra la
clase obrera y la soberanía nacional.
Este Estado es de los patrones
Para los marxistas, el Estado y sus instituciones son un instrumento de opresión
burocrático-militar, de una clase social sobre otra. En un país como Argentina, el Estado es
una herramienta de los capitalistas y del imperialismo para oprimir a la clase obrera y al
pueblo argentino.
Durante décadas las clases dominantes en Argentina y el resto de América Latina,
utilizaron centralmente a las Fuerzas Armadas. Gran parte de los gobiernos fueron
dictaduras, con cortos períodos democráticos controlados por los militares. La última
Dictadura, con su cruel genocidio, el rol cobarde en Malvinas y su políticas hambreadoras,
fue derribada por las masas.
Pero lo que cambió no fue el estado, sino su envoltorio, su forma. Cambiaron el viejo
régimen dictatorial por uno más edulcorado: la democracia y sus instituciones. No dejó de
ser un instrumento de opresión, y el Congreso, una de las principales instituciones donde
se orquestan las leyes que ordenan, por decirlo de algún modo, la opresión a la clase
trabajadora.
Desde 1983 los trabajadores y el pueblo venimos perdiendo derechos y poder adquisitivo.
El Congreso es y siempre será un enemigo de la clase trabajadora. Eso no significa que en
algún momento especial, le arranquemos tal o cual ley que pueda beneficiarnos. Así como
el patrón es antagonista de la clase obrera, pero con una buena lucha y una relación de
fuerza, se le pueda sacar un buen aumento de salario en una negociación. Pero debemos
recordar siempre, que el patrón no lo hace porque es bueno, sino porque se vio obligado.
Con el Congreso es parecido, no se puede esperar otra cosa en esta falsa democracia,
donde los parlamentarios que ganan millones y no producen nada, se dan el lujo de
decidir por sobre los obreros, que todo lo producen a cambio de miseria. El Congreso no
es más que otro edificio que merece arder.
Basta de Estado capitalista
Los revolucionarios estamos en contra del Congreso capitalista y la mentira de la trampa
electoral. Nuestra participación en el Parlamento y las elecciones es para que nuestra
propaganda revolucionaria llegue a más personas, y solo eso.
Los marxistas queremos hacer un Estado de la clase obrera, la dictadura de la mayoría
contra la minoría parásita. Con nuestros propios organismos democráticos y nuestros
representantes, en un Parlamento obrero, con funciones a la vez Ejecutivas, Legislativas y
Judiciales. Que ganarán lo mismo que un obrero: si a la clase obrera no le alcanza el
sueldo a ellos tampoco.
Y corriendo su misma suerte si fallan: serán revocables en cualquier momento y así
estarán obligados a cumplir lo que sus representados necesitan. Y que cuando terminan su
mandato vuelvan a laburar. En un estado que gobierna para los parásitos, sus funcionarios
son parásitos. En un estado de los trabajadores los funcionarios serán trabajadores, al
servicio de la mayoría popular.