Las Malvinas son nuestras

2 de abril

A 50 años del Golpe y a pocos días del aniversario de la Guerra de Malvinas, queremos 

sacar lecciones de esos hechos. Más aún, en momentos en que la competencia entre potencias imperialistas está multiplicando las guerras colonialistas. Desde Ucrania, por parte de Rusia, Gaza y Palestina toda a manos del Israel, hasta Irán ahora, y Venezuela hace días.

Reproducimos unas notas de hace 4 años sobre Malvinas, en ocasión de la invasión rusa a Ucrania:

“Sufrimos la invasión y ataque de una fuerza armada muy superior, ante el intento de recuperación de Malvinas.
La derrota argentina no era inevitable. Pudimos ganar. El problema es que la conducción de la guerra estuvo en manos de una dirección cobarde, aventurera y sirviente del imperialismo. Esta es la enseñanza central de Malvinas.
Se lanzó a la guerra creyendo que Inglaterra no respondería y que EEUU se mantendría neutral. Cuando advirtió que no sería así, inmediatamente puso rumbo a la rendición. No hizo nada para ganar, y al contrario hizo todo para perder.
Esto no lo decimos nosotros. El desempeño de la cúpula militar fue juzgado por las propias Fuerzas Armadas. El conocido Informe Rattenbach, una investigación iniciada en 1982 por una Comisión nombrada por las mismas Fuerzas Armadas, determinó que los responsables de la derrota eran las cúpulas militares. Los calificó de alta traición, y propuso penas de muerte para los principales jefes. No dijo que la guerra no podía ganarse, sino que se perdió por la traición de los jefes.
Esto fue ocultado por todas las fuerzas patronales dependientes del imperialismo, que aprovecharon la derrota para inculcar que no podemos enfrentar a los poderosos. Es lo que se llamó la “desmalvinización”.
Pero no fue así: podíamos ganar. Para eso, hace falta una dirección política y militar que quiera ganarla, y haga todo lo necesario para ello. Que desarrolle una gran movilización de masas, en el país agredido y en todo el mundo, por el triunfo.
No serán militantes cobardes ni políticos capitalistas al servicio de intereses patronales. Una dirección así solo puede salir de la clase obrera a la cabeza de los oprimidos, los que no tienen nada que perder y están obligados a matar o morir en defensa de su “patria”, de la patria obrera, sus familias, sus compañeros, sus amigos, sus ciudades y barriadas”. 

¿Se puede derrotar al imperialismo?

De aquí, se desprenden dos grandes conclusiones. 

En primer lugar, que se puede derrotar al imperialismo. Ahora, dicen que es mejor “llevarse bien con los países poderosos”. Un discurso de resignación, aceptación cobarde de la sumisión.

Malvinas fue una derrota para Argentina, pero pudimos ganar. Los ejemplos de Irak en el 2006, y Afganistán en el 2011, además de Vietnam, muestran que se puede.

El PST propuso un programa para vencer: expropiar todas las propiedades británicas, dejar de pagar la deuda, tomar rehenes a grandes empresarios ingleses, y al Secretario de Estado de EE.UU., Alexandre Haig, que visitó Argentina. Reclamar solidaridad efectiva de Sudamérica, que manifestó voluntad de ayudar. Y sobre todo, dar libertades completas a los trabajadores y el pueblo para que, con sus iniciativas, pusieran la fuerza necesaria.

La clave es la dirección

La segunda conclusión, es que para ganar hace falta una dirección decidida. La Junta trabajó para la derrota.

Esta conclusión vale no solo para la guerra. Este gobierno de la mano de Trump nos ataca. Pero la dirección histórica de la clase obrera y el pueblo, el peronismo, no sirve más que para la derrota. Necesitamos una nueva dirección política para la clase obrera, para enfrentar al capitalismo.

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