A 50 AÑOS DEL GOLPE
La Dictadura fue derribada por un proceso revolucionario, luego de su traición en Malvinas. Estuvo
planteada la posibilidad de avanzar en el desmantelamiento completo del aparato represivo, la
derrota total de las Fuerzas Armadas genocidas, y seguir adelante en la lucha por derrocar al
capitalismo y sus partidos.
En 1982 fue fundada nuestra Liga Internacional de los Trabajadores – IV Internacional, y en Argentina,
el Movimiento al Socialismo, con la tarea de derrotar a los partidos burgueses y reformistas que
influían sobre la clase trabajadora, para preparar la lucha por el poder obrero.
Esa tarea quedó truncada, por diversas razones. Las traiciones del radicalismo y el peronismo, el
hecho de no haber expulsado a las burocracias sindicales de los gremios, y los avances de la reacción
burguesa. Y también porque el MAS, que había logrado un gran desarrollo en las fábricas y empresas,
así como repercusión política general, entró en una disputa interna que llevó a su desaparición, luego
de la muerte de su fundador Nahuel Moreno en 1987.
Sin embargo, es necesario rescatar la heroica lucha del PST, un partido trotskista, obrero y
revolucionario, para actuar en la clandestinidad, seguir luchando en las fábricas, empresas,
universidades en esas difíciles condiciones y aprovechar para construirse las libertades democráticas
conquistadas durante la guerra de Malvinas y la caída de la Dictadura.
Su programa, política y ubicación en la clase obrera son un ejemplo de lo que un partido
revolucionario debe hacer. Reivindicamos con orgullo ese legado. Militan hoy en nuestro partido
diversas/os camaradas que fueron parte de esa experiencia. El PSTU es hoy la sección argentina de la
LIT-CI, como en su momento lo fue el PST. Y con nuestra debilidad y limitaciones, estamos
comprometidos a luchar como lo hizo ese PST, antes, durante y después de la Dictadura.
Queremos hacer conocer esta experiencia a la nueva vanguardia obrera y la juventud. Y además,
responder a críticas equivocadas o malintencionadas de ciertos partidos de izquierda sobre el PST
durante la Dictadura.
Cómo enfrentamos el golpe
Desde Avanzada Socialista, en septiembre de 1973, el Partido Socialista de los Trabajadores alertaba que
el plan Lanusse (el regreso de Perón para contener el ascenso obrero y popular iniciado con el Cordobazo
de 1969) se parecía mucho al de los militares chilenos con Augusto Pinochet: aguardar que el gobierno de Perón se desprestigiase para entonces ganarle las elecciones o darle el golpe.
A fines de 1974, con el funcionamiento y la escalada de la Triple A, organización paramilitar comandada
por el Ministro de Bienestar Social del peronismo, José Lopez Rega desde el gobierno, el partido llamaba
a rechazar todo golpe abierto o encubierto. Sea el “auto golpe” del ala más reaccionaria del gobierno de
Isabel Perón o el “golpe liberal” de los militares, la burguesía y el imperialismo. Se dio el “autogolpe”, con
el “plan Rodrigo”, que fue obligado a retroceder por la fuerza de la primera huelga general contra el
peronismo en junio de 1975. El PST participó de las coordinadoras, protagonistas de ese proceso.
Pero en marzo de 1976, Isabel hizo con el Ministro de Economía, Mondelli, su último intento de imponer el plan económico de superexplotación que había fracasado con Rodrigo y que finalmente sería aplicado con Alfredo Martínez de Hoz luego del golpe. El PST había señalado que el peligro de golpe se concretaría si el movimiento obrero no lograba derrotar la ofensiva hambreadora de Isabel Perón. O se la derrotaba, o casi inevitablemente cambiaría de manos (Isabel en frente con los militares o militares directamente). No hubo golpe en esos meses, sino una segunda lucha contra Isabel y su plan Mondelli. Fue mucho más débil que la primera, por la traición de la burocracia sindical que desmovilizó a los trabajadores y se dio entonces el golpe de marzo de 1976.
El PST enfrentó la política liquidadora de la burocracia sindical peronista, que en todos esos meses se la
pasó diciendo: “Cuidado con el golpe, nada de luchar contra Isabel porque eso alienta a los golpistas”.
Tanto el ala del “verticalista” Lorenzo Miguel -que se negó a movilizar- como la del “antiverticalista”
Calabró -que luego de un primer amago, hizo lo mismo- eran parte del frente antiobrero. De aquí que el
PST, intentando aprovechar cualquier diferencia circunstancial para alentar la movilización, alertaba desde
el primer día sobre los argumentos que utilizarían los burócratas sindicales para levantarla, e impulsaba
las Coordinadoras obreras.
La esencia de la política del PST era buscar una salida obrera y popular a la crisis, denunciando tanto al
gobierno peronista como a la amenaza golpista. Diferenciando entre el peligro de golpe, y su concreción.
Sólo fortalecidos por un triunfo contra Mondelli se podría frenar a los militares golpistas, o estar en las
mejores condiciones para enfrentarlos.
Nuestra preparación.
Tener presente en los análisis el peligro del golpe de estado y haber sufrido la represión directa hicieron
que el problema de la clandestinidad estuviese planteado para el PST desde bastante antes del triunfo de
la Dictadura Militar. Desde 1974, luego de la “Masacre de Pacheco” donde la Triple A asesinó a nuestros
militantes Antonio Moses, Oscar Mesa y Mario Zidda -semanas después de asesinar al “Indio” Inocencio
Fernández, delegado de CORMASA-, el partido fue disminuyendo el uso de los locales, con medidas de
seguridad y defensa. A la vez que llamó a todas las tendencias que repudiaron estos crímenes a que
“empecemos a construir las brigadas o piquetes antifascistas, obreros y populares, que serán las
herramientas con las que abatiremos definitivamente a las bandas fascistas en nuestro país” (Avanzada
Socialista 106, 4 de junio de 1974).
Ya en mayo de 1975, el PST inició una política organizativa interna de medidas preventivas casi como si el
golpe triunfante fuese inminente, fuese o no la variante más probable. Incluyendo un simulacro de paso a
la clandestinidad absoluta. Por eso un mes antes del golpe, ya tenía dos aparatos de impresión
clandestinos.
“No podemos precisar con toda exactitud si ese momento, el del golpe, ha llegado o no. Como de la
respuesta a esta pregunta se derivan dos orientaciones diametralmente opuestas; las elecciones o la
clandestinidad (…) sería una irresponsabilidad política y metodológica eliminar en un asunto tan delicado
una serie de fenómenos que podrían liquidar al partido. Por razones no sólo metodológicas, sino de
precaución partidaria, debemos barajar las hipótesis menos probables, pero que, si se dan y no estamos
preparados para ello, pueden significar la liquidación del partido”. (Boletín Interno del 3 de marzo de 1976).