La conciliación de clases en tiempos de ajuste


El plan de lucha de la CGT lejos está de ser una herramienta para enfrentar la
situación de despidos, cierres de fábricas, endeudamiento y precarización, y ni la
pérdida de poder adquisitivo que sufre la clase trabajadora. Lo más parecido que
hubo a un plan de lucha fue la movilización al Congreso con los jubilados. Luego
acompañó los reclamos contra la extranjerización de la tierra, en la que no atinó
más que hacer un acto de dos horas frente al Parlamento. Ese “plan de lucha”
llevado adelante por la dirigencia peronista de las CGT y CTAs, en la realidad se
dedica a “gestionar” los supuestos intereses comunes. Así nos unen con las
patronales PyMes, simbolizados en el escudo del Partido Justicialista, que une por
arriba la mano empresaria local con la mano obrera desde abajo. Y ahora bajo el
manto de la Iglesia Católica, experta en predicar la “armonía” entre explotadores y
explotados, con resignación en aras de la “paz social”. Por eso su “plan de lucha” –
además de confluir con el día de la Industria organizado por la UIA empresaria- lo
hará con la “Semana Social” de la Comisión Episcopal Argentina de inicios de
setiembre en Córdoba, y la visita del Papa León XIV en noviembre. Así garantizan
la gobernabilidad de Javier Milei para seguir aplicando el plan de Donald Trump
para América Latina.
Esto es una verdadera estafa. A muchos de los sectores industriales que
despiden, como en Siat, Pirelli o cierran como FATE, y tantos otros, habría que
exigirles primero que nada, la apertura de la contabilidad, y así trasparentar las
fortunas que amasan estos grandes empresarios que alegan crisis para expulsar
obreros a la calle. La política del peronismo y la CGT, usando falsamente la
bandera de la industria nacional, intenta que nos abracemos y atemos nuestra
suerte a los patrones de fábrica, así nos deja indefensos a los trabajadores frente
a despidos o cierres. La realidad es que ni los Madanes (Fate) ni los Rocca
(Techint) por más que lloren aspectos de las políticas del Gobierno de Milei que
puedan perjudicarlos, ninguno de estos magnates multimillonarios tendrá que
volver a su casa, mirar a los ojos a sus familias y decirles que no pudieron entrar
al laburo . De esta manera nuestras conducciones sindicales en vez de
prepararnos para huelgas, tomar las fábricas, enfrentar la represión, exigir la
expropiación de toda empresa que cierre o despida, nos encomiendan a San
Cayetano o al Papa al que piden que sea mediador en el Consejo del Salario.
La conciliación de clases siempre perjudica a los obreros, pero es particularmente
criminal en momentos de crisis, donde las clases capitalistas tiran sobre los
hombros de los trabajadores los costos de las crisis. El grupo Mirgor (familia
Caputo) de Tierra del Fuego, dejó sin empleo a 300 trabajadores por reclamar el
premio anual, pero incorpora 50 PPD (Personal Permanente o de Planta

Discontinuo), degradando a su conveniencia y por años los contratos laborales
con personal temporario para tareas habituales. La realidad es que mas allá de
tales o cuales rispideces la patronal industrial acaba de tener su gran victoria, la
Reforma Laboral y la CGT en pos de mantener sus cuotas sindicales, o la
administración de las obras sociales no hizo nada serio para impedirlo. Una nueva
dirección se hace indispensable para enfrentar los despidos y las ofensivas del
Gobierno, clasista, combativa en nuestras organizaciones sindicales y un
instrumento político de los trabajadores. Que enfrente a las clases capitalistas y
que se sustente en las decisiones democráticas de la clase obrera y represente
sus intereses.
Al servicio de esta tarea esta nuestro partido el PSTU.

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