ESPECIAL 50 AÑOS DELGOLPE DE 1976

Dictadura: mujer y militancia

Entrevista a Nora B., militante del PST en la Dictadura, luchadora docente y hoy militante del PSTU y la LIT-CI

AS: ¿Cómo era tu militancia antes del golpe y que cambió después?

En 1975 era muy intensa, muchos jóvenes universitarios estábamos en algún partido. Había mucha  solidaridad entre trabajadores y estudiantes. No obstante, los atentados entre guerrilla y militares eran corrientes. La sociedad estaba cansada de la pobreza, Triple A, Falcon verde, desapariciones, torturas y muertes. 

Me sumé cuando las grandes movilizaciones tiraron abajo al Ministro de Economía Celestino Rodrigo, había hiperinflación. El dinero se evaporaba y no alcanzaba ni para el colectivo. 

Después del golpe todo cambió. Tuvimos una doble vida: la legal, trabajar y estudiar como todo el mundo. Y la ilegal, nadie podía conocer nuestro domicilio, incluida la familia. No tener ningún libro ni publicación, ni datos con nombres en casa. Pasar los periódicos “camuflados”, tener una excusa (“el minuto”), cuando íbamos a una reunión. No conocíamos las casas donde nos reuníamos. Eran medidas de seguridad para nuestra supervivencia. Teníamos sobrenombres. Había una confianza ciega entre nosotros para evaluar qué actividades podíamos hacer.

AS: ¿Creías que todo lo que hacías podía generar un cambio para las futuras generaciones?

Si, estábamos convencidos de que podíamos llegar al Socialismo haciendo la Revolución como en Rusia y en Cuba. Tampoco sabíamos que el golpe duraría tantos años. Nuestro partido educaba en la Solidaridad Internacional y hacíamos campañas por Nicaragua y Polonia.

AS: ¿Cómo se vivía la militancia siendo mujer trabajadora y que papel tuvieron las mujeres en la resistencia y en la organización clandestina?

Trabajaba en un banco y estábamos organizados en Comisiones Internas y nos reuníamos luego del trabajo con otras Internas, había actividad sindical, pero todo era clandestino. 

La mujer obrera sufría más. Sin embargo, se reunían y hacían actividades, muchas ofrecían sus casas para las reuniones. Nuestros familiares y amigos, que nos brindaban garantías para alquilar o sus direcciones como “domicilio legal”, principalmente eran mujeres, que se bancaban los temores de sus maridos y las requisas de la cana, sin hablar cuando nos buscaban en sus domicilios. 

AS:  ¿Tuviste que atravesar la desaparición o persecución de algún familiar, compañero o conocido? 

El PST tuvo más de cien desaparecidos. En 1982, nuestra compañera Ana María Martínez desapareció cuando iba a la fábrica. Fue muy duro, no esperábamos ese golpe tardío.

Apretamos los dientes y salimos con más fuerza. Ya estábamos más seguros de que la Dictadura caería. Había paros y marchas conjuntas con otros partidos.                                                              

AS: ¿Qué significó para ustedes la lucha de las Madres de Plaza de Mayo?

Fue muy importante, mostraron las atrocidades que hacían los milicos al mundo. Sin duda levantaron el ánimo. Con el triunfo del Mundial de futbol de 1978 parecía que en Argentina estaba todo bien y ellas abrieron puertas,  pero también tuvieron bajas e infiltraciones como todas las organizaciones del momento. Hoy, a 50 años todos les brindamos nuestro mayor reconocimiento.

AS: ¿Qué enseñanzas te dejó haber atravesado ese período?

Marcó a fuego nuestra actitud como militantes, porque estábamos y estamos convencidos de que la única salida para el hambre, saqueo, represión y opresión era y es una Revolución Socialista  mundial.  En ese período de terror primó la preservación de nuestro partido para poder empalmar con el conjunto de los trabajadores. Primero para tirar abajo la Dictadura y luego para la pelea por un gobierno obrero.

Nos llevaba mucho esfuerzo cuidarnos. Aprendimos la más férrea disciplina en el partido, el compañero es más importante que nosotros mismos, y la más amplia unidad en la acción. 

Salimos -durante Malvinas  y en la Campaña electoral de 1982/3- fortalecidos por haber pasado la prueba y construir esa nueva organización que aprovecharía la legalidad naciente, el Movimiento al Socialismo, el MAS. Y poder decir a todo el pueblo trabajador que estaba ávido de discutir política, después de la mordaza de casi 7 años, que la única salida para el país era el No Pago de la Deuda Externa y el Socialismo. 

Hoy esa enseñanza continúa viva: la necesidad de construir el partido revolucionario, el PSTU y la LIT-CI.

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