El gobierno quería votarla en diciembre, pero decidió pasarla para el 10 de febrero. Este ataque no puede pasar. Pretenden eliminar el pago de las extras con un “banco de horas”; pagar salarios “dinámicos” con “tickets canasta” no remunerativos y por “productividad”, eliminando los convenios colectivos por gremio; vacaciones según criterio de la patronal; eliminar las indemnizaciones, por fondos de desempleo financiados con nuestros aportes jubilatorios (ANSES). Todo para aumentar más nuestra explotación, que es de donde salen sus ganancias capitalistas. Por eso pretenden impedir asambleas en horario laboral y restringir medidas de fuerza.
El peronismo dice estar en contra, pero “deja hacer” y la aplica donde gobierna. Ninguna fracción peronista está enfrentando en serio este plan. Solo sirven para pelearse entre ellas y negociar alguna ventaja en esa cueva de bandidos que es el Congreso.
Los/as trabajadores/as podremos pararle la mano a Milei, pasando por encima de los sindicalistas peronistas que están negociando sus intereses a cambio de dar apoyo.
No puede pasar
No podemos confiar en senadores o diputados. Esos que nunca trabajaron no tienen autoridad para “modernizar” las leyes laborales.
La CGT estuvo negociando sus intereses. Pero es tan brutal la Ley que se vieron obligados a hacer una movilización el 18 de diciembre, y ahora prometen un paro general para el día en que se ponga a votación.
Hay que obligarlos a que ese paro se haga realidad, con el compromiso de que si se vota la Ley, vamos a un plan de lucha progresivo, hasta que caiga.
Para eso, que bajen a las empresas y fábricas, a hacer asambleas resolutivas. Donde se explique claramente y se voten medidas de fuerza, que los dirigentes estén obligados a cumplir. Con Congresos de Delegados con mandato y abiertos a las bases.
Construir comités contra la Reforma Laboral en cada fábrica, que recorra las fábricas, empresas y barrios vecinos (donde seguramente viven miles de obreros y obreras sin representación gremial, sin convenios, trabajadores de aplicaciones) para sumarlos, hacer la unidad, porque con esta Ley nunca tendrán los derechos adquiridos bajo convenios. Involucrando también a los desocupados porque con esta Ley, si tienen suerte de encontrar empleo, será bajo condiciones precarias. Y desde luego, Comités para apoyar los actuales conflictos por salarios, contra los despidos, vaciamientos y la flexibilización laboral, como en Vassalli (UOM), Halcón (UTA), Sealed Air (Químicos), etc.
Y si se concreta el paro multiplicar cientos de comités de todo país, para que ese día no se mueva nada, ni un colectivo, defender la huelga con las calles controladas por piquetes, con medidas firmes que impongan de la manera que sea que los gremios que no se plieguen tampoco puedan trabajar.
No confiamos en las cúpulas sindicales. En cualquier momento negocian y nos traicionan. Por eso, tenemos que tomar la pelea en nuestras manos, desde las bases.
Con la movilización, la unidad y la fuerza de la clase obrera, los podremos parar.
Sabemos que la desconfianza en los dirigentes sindicales es un factor que dificulta la lucha. Pero la prioridad es frenar la Ley. Movilizarnos para que los legisladores no la voten. No se trata de confiar en “convencerlos”, sino obligarlos a no votarla. La izquierda debe terminar de prometer leyes alternativas que sacarán 4 votos, y ponerse a la cabeza de esta pelea.
En diciembre del 2017 enfrentamos a Macri, pasando por encima de los dirigentes. Decenas de miles en Plaza Congreso enfrentamos a la policía y la hicimos retroceder, dejando al gobierno totalmente debilitado. Esta vez será más duro, más difícil. Debemos organizarnos. Nos declararon la guerra, y tenemos que ganarla.