Catástrofe climática y socialismo

Dado que el problema radica en la acumulación capitalista misma, no hay reformas que puedan cambiar el curso de la catástrofe climática y ambiental sin una revolución socialista a escala global. Por eso, rechazamos las soluciones propuestas por el productivismo o el decrecimiento. Nuestra estrategia es diferente: una revolución socialista que permita una planificación económica democrática y fomente una relación metabólica que respete el medio ambiente y pueda reparar los daños causados. Nuestro objetivo es luchar para incorporar el programa ambiental anticapitalista en la conciencia del movimiento obrero, lo que es de importancia decisiva. No se trata de debatir de forma superficial o binaria si estamos a favor de producir más o menos, consumir más o menos, es decir, aceptar los términos burgueses del debate en términos puramente cuantitativos. Para nosotros, el debate es cómo producimos, cuándo producimos, para qué producimos y para quién producimos. Es en el “cómo producimos” que proponemos introducir criterios socialistas radicalmente diferentes para reorganizar la producción basados en las necesidades humanas (produciendo valores de uso en lugar de valores de cambio) y en la necesidad de restaurar la fractura metabólica generada por el capitalismo. No se trata de “producir más” sin criterios ecológicos o abstraer la naturaleza como fuente de las riquezas producidas por la sociedad. Más bien, se trata de qué producir más, cómo producirlo y para quién; y, de manera similar, qué producir menos, cómo y para quién. Implica una transformación profunda y radical en las formas de producción, qué se produce y cómo se lleva a cabo la circulación de la producción y el consumo. Esta transformación es profunda y radical porque requiere nuevas fuentes de energía (que aún no existen), cambios en los patrones de consumo, el desarrollo de un nuevo modo de vida e incluso una transformación en cómo se organizan los asentamientos humanos en el territorio. No sabemos en qué condiciones de degradación estarán los sistemas naturales cuando se construya el socialismo. La catástrofe climática está minando las fuentes originales de toda riqueza—la naturaleza y el trabajo—y puede limitar las posibilidades de reproducción social. La construcción del socialismo exigirá la tarea de restaurar las condiciones naturales de producción para que haya, de hecho, posibilidades reales de desarrollar las fuerzas productivas.

Frente a la crisis ecológica global, el socialismo debe, apoyado en los logros científicos actuales, desmantelar las relaciones sociales de producción y revolucionar las fuerzas productivas bajo la orientación de una racionalidad científica sintrópica con el medio ambiente para responder a las necesidades de los trabajadores. Esto significa que en los sectores relacionados con las necesidades de los trabajadores se producirá más, mientras que en otros se producirá menos—por ejemplo, poner fin a la sociedad de consumo masivo, el consumo superfluo, la obsolescencia programada y otras irracionalidades del capital. Producir más, por ejemplo, de manera sintrópica con el medio ambiente, infraestructura en países semicoloniales, y menos armas de destrucción masiva, menos productos superfluos en EE. UU., Europa y Japón. Producir más energía eólica y solar y menos carbón y petróleo. En lugar de “dominar y controlar la naturaleza”, como lo haría un conquistador—recordando las palabras de Engels—, necesitamos comprender sus leyes y dinámicas para restablecer el equilibrio metabólico entre la sociedad y la naturaleza. En realidad, muchas soluciones para construir una sociedad socialista ecológica ya existen, pero enfrentan obstáculos para su desarrollo debido al metabolismo social del capitalismo. Las soluciones de energía renovable y los sistemas agrícolas más ecológicos satisfacen las necesidades de los trabajadores. Como explica Marx, “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Es sobre esta base material que será posible la extinción gradual del Estado. Las soluciones urbanas, el transporte, etc., no son plenamente desarrolladas por el capital porque no son rentables o solo sirven para crear un nicho de mercado para quienes pueden pagar. Una revolución de las fuerzas productivas comenzará por desarrollar plenamente estas experiencias y ponerlas al servicio del bienestar de la humanidad. Una revolución social desata una inmensa explosión creativa, incluyendo las bases para una revolución de las fuerzas productivas: la creación de nuevas formas de producir y qué se produce; nuevas formas de consumo y qué se consume; nuevas formas de distribución de la población y los recursos y, finalmente, la creación de modos de vida que restablezcan el equilibrio metabólico entre la sociedad y la naturaleza. O, como diría Marx, “que los productores asociados regulen racionalmente su metabolismo con la naturaleza, sometiéndolo a su control colectivo, en lugar de ser dominados por él como una fuerza ciega; que lo hagan con el menor gasto de energía posible y bajo las condiciones más dignas y en conformidad con su naturaleza humana”.

Consideraciones finales

La catástrofe ambiental actualiza dramáticamente la disyuntiva socialismo o barbarie. Nuestro programa para el medio ambiente debe ser parte fundamental de nuestro programa de transición, entrelazado con las consignas mínimas, democráticas cotidianas, con nuestras políticas contra los gobiernos capitalists y con las 25 exigencias y denuncias en relación a las direcciones reformistas. Si la barbarie capitalista se impone, llevando con el calentamiento global a la imposibilidad de la continuidad de la vida en partes importantes del planeta e imponiendo un retroceso global de las fuerzas productivas, el socialismo se tornará imposible por todo un período histórico. Esto no nos hace escépticos respecto a la necesidad y posibilidad de la revolución socialista. Solo nos da la dimensión del desafío de hacer posible esta revolución en las próximas décadas. Al contrario de una postura escéptica, en nuestra visión la emergencia climática trae una ebullición en la vanguardia que puede o no abrirnos un canal de diálogo para una franja de activistas capaz de asumir un programa revolucionario. Nuestro programa debe orientarse por aquello que Lenin definió como el “alma viva” del marxismo: el análisis concreto de la situación concreta. Un programa clasista y socialista para responder a la catástrofe ambiental necesita incorporar las denuncias sistemáticas de los ataques al medio ambiente en cada país y coyunturas concretas, así como en las campañas existentes, partiendo de las necesidades de la clase obrera y procurando siempre asociarse a sus luchas generales. Partimos, obviamente, de la necesidad de luchar contra las emisiones de GEI y el fin de los combustibles fósiles que provocan el calentamiento, y por un plan de los trabajadores para la transición energética. A partir de esta realidad universal, cada partido debe desarrollar su propio programa de transición incorporando nuestra estrategia para el medio ambiente a la realidad concreta de cada país y las necesidades de la clase. Tenemos diferentes realidades en países imperialistas y periféricos; también tenemos diferentes realidades entre los propios países periféricos. Si en Brasil el mayor emisor de CO2 es el agronegocio, en EE.UU. son las Fuerzas Armadas, por ejemplo. Esta desigualdad dificulta elaborar un “programa único” “acabado” con medidas de transición que sirvan para todas las realidades. Necesitamos estar conectados a las luchas ambientales y las revueltas provocadas por la catástrofe climática. Procurar construir acciones comunes con otros activistas ambientales, especialmente con el ambientalismo popular (indígenas, campesinos, negros y negras, mujeres) y las comunidades afectadas por la destrucción y conectarlos a la clase trabajadora. Necesitamos llevar esta agenda al cotidiano de nuestros sindicatos y movimientos sociales, insertarlos en estas luchas ambientales. Al fin y al cabo, la clase obrera también es víctima de los eventos climáticos extremos, debe liderar a los demás oprimidos para superar el capitalismo y la crisis ambiental. Por eso, nuestro programa y nuestra acción deben tener un entrelazamiento con las luchas obreras y populares, como es el caso de las luchas contra la minería, el fracking, el gas, el petróleo, la deforestación etc. ¡El capitalismo es incapaz de resolver la crisis ambiental global! Es necesario una revolución socialista a escala internacional que expropie a las burguesías nacionales y a las naciones imperialistas, que destruya los Estados burgueses, que acabe con la propiedad privada de los medios de producción y promueva una revolución de las fuerzas productivas por los trabajadores.

En vista de lo expuesto, presentamos un sistema inicial de consignas con vistas a responder a la crisis ambiental global.

• ¡Por la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero! ¡Por el fin de los

combustibles fósiles! Contra la apertura de nuevas fronteras petroleras y de nuevas termoeléctricas que solo agravarán el calentamiento global, comprometiendo la Tierra y la humanidad.

• Expropiación, bajo el control de los trabajadores, de todas las empresas energéticas y de todos los recursos energéticos.

• ¡Por una transición energética emergencial hacia energías renovables!

Defender un plan de transición energética, a partir de la nacionalización de los recursos energéticos y de las empresas de energía, bajo control de los trabajadores. Es necesario ampliar las inversiones públicas en tecnologías y procesos que viabilicen una transición energética.

• ¡Expropiación del agronegocio y de la industria minera! Expropiación bajo control de los trabajadores y de las comunidades afectadas, de las empresas contaminantes y causantes de desastres.

• Introducir un nuevo modelo de agricultura ecológicamente equilibrada y que de hecho produzca alimentos y no monocultivos para exportación. Apoyar medidas para aumentar la soberanía alimentaria de los trabajadores y oprimidos.

• Recuperar los biomas y áreas deforestadas por el agronegocio.

• ¡Por un plan de los trabajadores de adaptación a los cambios climáticos. Inversiones públicas para combatir los efectos de los cambios climáticos (tales como incendios forestales, deslizamientos, inundaciones, escasez de agua etc.)

• ¡El agua no es mercancía! Por la reestatización de las empresas públicas de abastecimiento y saneamiento.

• Contra los planes de “financiarización” de la naturaleza.

• En defensa de los refugiados climáticos. Apertura de las fronteras a todos los refugiados climáticos que huyen del calor extremo y de la destrucción de sus condiciones de vida por los cambios climáticos.

• ¡Contra la expansión de la energía de fisión nuclear!

• ¡Por la nacionalización sin pago y bajo control obrero y popular de las empresas contaminantes y su reconversión ecológica! En nuestra intervención, debemos evitar la contraposición entre trabajadores y comunidades locales, explicando que la responsabilidad por la contaminación es de los patrones.

• Reparaciones y titulación de territorios de los pueblos originarios y quilombolas.

• Por el derecho a la autodefensa de todos los que luchan por el medio ambiente.

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