Ariel Gonzalez
No, no lo hace. En su momento, denunciamos al PTS (y al PO) por haber votado «sin leer» la definición de antisemitismo que establece la sionista Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), que la iguala a antisionismo. Claro síntoma, además, de adaptación a la democracia burguesa, confiar en lo que se presenta en la legislatura “sin tiempo para ver”. Pero este “error” y el pedido de disculpas ante la embajada palestina de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) -que reconoce la existencia del estado sionista- tiene una matriz común con su concepción de la revolución en Medio Oriente, reflejada en la solidaridad del PTS con las «víctimas civiles» de Hamas en la acción bélica del 7/10/23, cuando Bregman dijo que fue una fake new de Bullrich que se haya negado a un minuto de silencio en el debate presidencial previo a las elecciones del 2023. Y manifestó allí: “Nos duelen las víctimas civiles, que ocurren en un conflicto que tiene como base la política del Estado de Israel de ocupación y apartheid contra el Estado palestino”.
Pero tampoco los misiles lanzados por Hamas hacia Israel distinguen entre “civiles” y “militares”. ¿Entonces qué queda del “apoyo a la resistencia palestina”, la nacionalidad oprimida por el estado sionista? ¿No es incondicional en este campo de batalla, sean fuerzas laicas o religiosas, incluso racistas hacia los sionistas? Sin embargo, declararon: “Los socialistas revolucionarios rechazamos el ataque contra civiles y no compartimos ni los métodos ni la estrategia de Hamas, cuyo objetivo es establecer un Estado teocrático. Pero como decenas de miles que en Londres, París o Estados Unidos manifiestan activamente su solidaridad con el pueblo palestino, no confundimos estas acciones con el apoyo a la resistencia palestina contra la ocupación colonial”.(https://www.laizquierdadiario.com/La-guerra-de-Israel-contra-el-pueblo-palestino 15/10/23)
Su argumento es el programa con el que se proponen ganar a un sector del proletariado israelí por una Palestina Socialista. Y entonces de triunfar Hamas, instalaría un estado teocrático. ¿Pero no sería una colosal derrota para el imperialismo la desaparición del estado teocrático judío, enclave militar genocida?
Con esa propuesta, “Judíxs contra el Genocidio y el Apartheid” en Palestina “se sumaron” a los Comités por Myriam Bregman. Para fundamentar su intención de ganar a un sector obrero israelí para una Palestina Socialista, recurren a Jabra Nicola (en1963 se integró a la Cuarta Internacional, desde la Organización Socialista de Israel OSI, con su periódico Matzpen, fundada un año antes con una ruptura del PC de Israel) para quien -según el PTS/Revolución Permanente- “diferencia de otras sociedades coloniales, en las que la diferenciación interna del grupo de colonos es limitada, la sociedad sionista tiene una estructura de clases completa y está altamente diferenciada socioeconómicamente porque no es un destacamento nacional proyectado desde una metrópoli lejana, sino una metrópoli en sí misma, nacida en el territorio de su propia colonia”. Y concluye: “Situando en el centro del programa estratégico de la OSI la desionización de las estructuras del Estado colonial y la alianza del proletariado judeoárabe, sus tesis y posiciones constituyen un documento esencial del proceso revolucionario en Medio Oriente y una base decisiva para desarrollar un análisis de la situación palestina contemporánea y las nuevas direcciones de su movimiento de liberación nacional”. La “desionización” la justifica así el PTS/RP: “Como señala Nicola, “el hecho de que esta nueva nación haya sido creada artificialmente por la inmigración sionista no cambia el hecho de que existe. Si bien la organización política de esa comunidad puede cambiarse o destruirse, la nación misma no puede eliminarse. Por lo tanto, una solución estable debe satisfacer dos requisitos básicos: debe abolir el carácter sionista de Israel y debe sancionar el derecho a la autodeterminación de esta nación en una forma tal que esté de acuerdo con los intereses de las masas árabes. y la unificación de Medio Oriente”. “Nicola insiste en la importancia de que las exigencias sean claras para unir a los judíos israelíes al proyecto palestino. Según él, deben evitarse los tropos de la “guerra de liberación” u otros lemas que apuntan no sólo al Estado sionista sino a la comunidad israelí. En primer lugar, porque estas consignas son ajenas a las exigencias inmediatas de los palestinos, después porque ponen en tela de juicio la existencia de la minoría nacional judía en Medio Oriente, alimentando el miedo extremo a un «mundo de enemigos» constitutivo del proyecto y de la ideología sionista, y en consecuencia solidarizan al proletariado israelí con sus gobiernos sionistas: “El lema de ’liberación de Palestina’, si bien es emocionalmente satisfactorio, tiene muchos inconvenientes políticos. En primer lugar, obliga a los israelíes moderados e incluso a los israelíes antisionistas (hay algunos) a ponerse del lado del gobierno sionista en defensa propia. El resultado es un raro grado de solidaridad entre la opinión pública y el gobierno. De este modo se sofocarían las disensiones internas que naturalmente surgirían en tal situación. En esta atmósfera, pocos israelíes se atreven a cuestionar la dependencia de su país del imperialismo que, al menos, protege sus vidas. Además, este simple eslogan perjudica los intereses árabes en la arena global. Más allá de la impopularidad de las soluciones militares, también tiene el defecto de identificar a todo un pueblo con las políticas de su Estado y hacerle pagar el precio de esas políticas. Estas simplificaciones simplistas ya no son aceptables para la opinión mundial progresista y, en particular, para los elementos antiimperialistas que exigen soluciones políticas a los problemas políticos. Incluso los norvietnamitas trazaron cuidadosamente una línea entre las políticas de Washington y el pueblo estadounidense. Debido a estos factores, los nacionalistas árabes, a pesar de la legitimidad moral de sus demandas, han perdido constantemente la guerra de propaganda desde 1948”. Concluye el PTS-RP: “Debido a que la sociedad sionista tiene una estructura de clases completa, a diferencia de otros asentamientos coloniales, y debido a que no es un simple desprendimiento de la población de la metrópoli madre, sino una metrópoli colonial construida en el corazón mismo de su colonia, es absolutamente fundamental conceder a la minoría nacional judía de Oriente Próximo el derecho a la existencia y a la autodeterminación condicionado a la destrucción previa de las estructuras coloniales e imperiales del Estado sionista”.(https://www.laizquierdadiario.com/Jabra-Nicola-una-estrategia-trotskista-para-Palestina 17/12/23, Enzo Dal Fitto). Es decir, se compromete a la autodeterminación nacional judía -como si no fuesen colonizadores-, por ende, su derecho a separarse como estado, pese a que dicen oponerse a “dos pueblos, dos estados”. Detrás de la verborragia revolucionaria, esta política para ganar a un sector del proletariado israelí es reformista. Por eso destaca las propuestas de Illan Pappé -historiador judío antisionista- por “una Palestina desionizada (descolonizada)”, similar a la de One Democratic State Campaign.
Para que no queden dudas de estos fundamentos: “En el presente artículo queremos demostrar la vigencia y actualidad de esta serie de ideas para pensar la liberación de Palestina, apoyándonos en las elaboraciones de León Trotsky, Jabra Nicola e historiadores como Illan Pappé, Ussama Makdisi, Ran Greenstein, Zachary Lockman, Gabriel Godorezky y Pierre Broué. Fue en los años de fundación de Matzpen que la organización fue capaz de elaborar teóricamente sobre la fisonomía específica de la revolución permanente en Palestina destacando en su programa la desionización de las estructuras del Estado colonial en el camino de su desmantelamiento, la alianza del proletariado árabe y judío en base a la lucha contra el adoctrinamiento sionista y sobre todo, la necesaria alianza regional del proletariado árabe que es el sujeto de la liberación palestina y regional contra el yugo del imperialismo en una perspectiva socialista”. (https://www.laizquierdadiario.com/La-liberacion-palestina-y-la-revolucion-permanente 9/6/24 Ximena Goldman).
En fin, el PTS/RP, que no tiene política para dividir a las fuerzas armadas (cuya clave es formar milicias obreras -condición necesaria básica, porque no se trata de una cuestión ideológica- y apoyar reclamos de la tropa a condición de no reprimir), reivindica la política de Jabra Nicola “contra el adoctrinamiento sionista” para dividir al principal destacamento y enclave militar imperialista en Medio Oriente. Igualando la caracterización de Israel con Estados Unidos para justificar que deberíamos tener la misma política de Trotsky hacia el proletariado racista blanco, “bestias americanas”, “verdugos” de negros y chinos, a quienes “hay que hacerles entender que el estado americano no es su estado y que no tienen que ser los guardianes de este estado”. O con Alemania bajo el nazismo -con la política que “confraternizar entre las tropas” en la Segunda Guerra Mundial. Pero no lo iguala a Malvinas. Que es lo que explica que incluso los judíos sefaradíes más explotados -contra las previsiones de Jabra Nicola que el PTS/RP reivindica sobre “la existencia de un proletariado judío a veces víctima del racismo sionista debido a su origen árabe o no europeo”- son fervientes sionistas. No lo adjudican a sus ventajas materiales como colonos, sino a “la amenaza exterior a su existencia política (y física)” por parte de las organizaciones que enfrentan a Israel. Tampoco se concretó con Israel “la posibilidad de que, debido a sus propios intereses, estas potencias imperialistas estén dispuestas a sacrificarlo o, al menos, reducir su apoyo debido a sus propios intereses”. Es decir, el PTS/RP no reconoce de hecho a Israel como un enclave colonial militar del imperialismo -no un “estado colonial” como Sudáfrica o Rhodesia- donde no hay separación entre funciones militares y civiles, incluidos los “kibutzim”. Como tal, tampoco es comparable a Sudáfrica como estado, aunque su régimen sea segregacionista (apartheid). Israel es una gigantesca base militar.
“Palestina única, democrática, laica, no racista, libre del río al mar” significa la destrucción del estado de Israel, la expulsión de los judíos que no renuncian a sus privilegios como colonos -que son la base social y política del enclave-, el retorno de millones de palestinos expulsados de sus hogares y sus tierras. Es la mejor consigna por la positiva -aunque no sea la más “roja”- para la tarea planteada que es destruir este enclave militar, porque es la que más moviliza, además de las negativas (“No al genocidio”, etc.). La clave no es la consigna en sí, sino la movilización revolucionaria para liquidar a Israel. Y para eso, es central el triunfo militar contra los sionistas, tarea fundamental antiimperialista de la revolución obrera socialista en Medio Oriente, por una Federación de Repúblicas Socialistas Árabes.