El análisis político debe ser racional, objetivo. Pero no solo. Los estados de ánimos, los sentimientos de la clase obrera y el pueblo -incluso los de los capitalistas- también cuentan.
Estamos viviendo un acontecimiento mundial masivo, que interesa en todos los países a gran parte de la población.
Durante unos días, mientras que la selección de cada país compite, el fútbol es “unidad”. Aparentemente, se unen las clases, en torno al “amor a la camiseta”, que sería “amor a la Patria”.
Para los obreros, los pobres, los oprimidos, el “amor a la Patria” representa el amor a los propios, la defensa de su casa, su barrio, sus amigos y compañeros, su familia. En particular en los países dependientes y sometidos, como Argentina, la lucha contra la opresión nacional, por la libertad -la libertad de los trabajadores para vivir, no la de los explotadores para explotar-.
Para los patrones, la “Patria” son sus negocios, las leyes que los protegen, las Fuerzas Armadas que los defienden, la Constitución que consagra la “inviolabilidad de la propiedad privada” (capitalista). Por eso, durante el Mundial no dejan de despedir, explotar, dividirnos y reprimirnos. Su gobierno no deja de obedecer al enemigo, llamado imperialismo, para entregar la soberanía, eso mismo que el pueblo llama “patria”.
Cuando este periódico esté en la calle, habrá pasado la semifinal contra Inglaterra. No conocemos el resultado, ni el desarrollo posterior. Pero ese partido, ese maravilloso partido, con su historia, Malvinas, el ‘86….
Ese sentimiento de la hinchada, rompe toda hipocresía. Milei admira a Margaret Tatcher, y es soldado de Trump. Nos dice Patricia Bullrich: “no se debe mezclar futbol y política”.
Pero millones cantamos con bronca, con odio: “El que no salta es un inglés”. Y con lágrimas en los ojos, gritamos: “De los pibes de Malvinas, que jamás olvidaré”. No pueden usar el fútbol para hacernos olvidar.
Enfrentar a los agentes del enemigo
Los revolucionarios no tenemos patria, nuestra patria es la clase obrera mundial. Pero respetamos ese sentimiento cuando representa, como en nuestro caso, lo que aprendemos en la escuela: nuestros próceres son los que combatieron con las armas a los opresores. Cuando representa, como hoy, el odio a Inglaterra y su socio EE.UU, sus gobiernos y Estados. Cuando nos une a los trabajadores y nos pone en la tribuna de enfrente de los grandes capitalistas y sus políticos y sindicalistas cipayos.
Milei celebró el 4 de julio arrodillado en la Embajada yanqui. Pusieron la bandera del enemigo en Rosario, en el Monumento a nuestra bandera. Él es el enemigo, junto a quienes lo dejan gobernar y pisotear la soberanía nacional.
El Mundial ya pasa. Pero la realidad de todos los días no dejó ni por un minuto de impactarnos: inflación, bajas salariales, despidos, entrega de los recursos, deterioro de la salud y la educación públicas, represión hasta a quienes festejaron los triunfos.
Necesitamos la mayor unidad para defendernos en la guerra que nos han declarado.
Se trata de unir en cada zona, en cada rincón del país, el apoyo a todas las luchas, las dirija quien las dirija, utilizando la palanca de las coordinadoras que se han construido, o fundando nuevas. Reclamar a las centrales un plan de lucha nacional, enfrentando a los burócratas sindicales. Impulsar, en fin la centralización de las luchas buscando construir un gran movimiento que logre derrotar, hoy o mañana, el proyecto de Trump que Milei aplica en Argentina con apoyo del peronismo.