PONELE FECHA A LA HUELGA GENERAL

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La marcha  de la CGT, el curso de la lucha obrera y la ubicación de la izquierda

Este jueves, se realizó una movilización de la CGT a Plaza de Mayo, en lo que fue presentado como el “inicio de un plan de lucha contra la Reforma Laboral”.

La misma CGT que, de la mano del peronismo, conoce desde el inicio del gobierno de Milei sus intenciones de llevar adelante una Reforma antiobrera y que no ha llevado adelante ninguna medida, ni siquiera una campaña de esclarecimiento con asambleas en las bases para ir construyendo la oposición, ahora, en las vísperas, realiza esta medida. ¿Qué pasó?

Es tan brutal la ofensiva sobre una clase obrera confundida, que desconfía de Milei, pero también del peronismo y la dirigencia sindical cómplice del FMI y las patronales, que se han visto obligados a “hacer algo”. Necesitan fortalecer su poder de negociación ante unos capitalistas y el gobierno, que conocen su desprestigio. Y a la vez, de manera preventiva, simular oposición a esa medida. Para eso, sin paro, llamaron a esta movilización de sus cuerpos de delegados. 

En cualquier circunstancia, el llamado a movilización es un paso adelante de la clase obrera en el difícil camino para derrotar esta Reforma y el conjunto del plan del gobierno.

¿Qué hacer frente al llamado?

Esta convocatoria, de cualquier manera, representaba una oportunidad para presionar a la burocracia, sin depositar la menor confianza en ella, y avanzar en el camino de un  plan de lucha, hacia la huelga general. 

Eso intentamos hacer, llevando el llamado a la movilización a numerosas fábricas y establecimientos, sacando afiches y haciendo pintadas. Y, en el seno de la propia movilización de Plaza de Mayo, ubicados en el centro de la Plaza, entregamos un volante -del que repartimos miles, ante la aprobación de activistas de diversos gremios-, con ese mismo título (“Ponele fecha a la huelga general”). Que expresaba las aspiraciones de millones,  y recordaba el glorioso acto,en 2017, en que la conducción de la  CGT fue “corrida” del palco, en medio de un atronador “Ponele fecha,  la p… que te p…”. No es la misma situación, pero es la misma política que debemos seguir para enfrentar la Reforma.

La izquierda y su “columna independiente”

Ante la inacción de la CGT, la izquierda y los sectores sindicales que influye venían preparando una medida  de “protesta”, para dejar sentado el “testimonio” de que había oposición, pero sin efecto real.

Dijimos que para derrotar la Reforma había dos requisitos. 

El primero, lograr una masividad que solo se podía lograr con una fuerte campaña en las bases para forzar a las conducciones a salir de su complicidad, a través de acciones desde cada lugar de trabajo, de coordinación y autoorganización.

El segundo, una vez  logradas acciones masivas, remarcar la predisposición de un sector de vanguardia, llamando a todos los luchadores obreros y populares, a impedir la sanción de la Reforma de modo contundente, mediante acciones firmes, la preparación de la defensa ante la represión. Es decir, jugándose con todo a imposibilitar, de la manera que sea necesaria, el plan del gobierno. A retomar el camino del 18 de diciembre del 2017 y las toneladas de piedras, superándolo.

Nada de eso fue escuchado. Con un acto “independiente” estarían cumplidos. 

Sin embargo, el llamado de la CGT sorprendió. Nuestro partido, inmediatamente, salió a agitar esa medida burocrática, para superar sus limitaciones.

El FITU y el resto quedaron en schock. Durante días estuvieron sin saber si mantener su propia movilización, sin concurrir a la de la CGT. Pero recordaron su papelón del 2017, cuando toda la izquierda -excepto nuestro partido- estaba en otro acto  a 10 cuadras, en momentos en que la base peronista irrumpió en el palco cegetista. 

Reeditaron entonces su táctica equivocada de “columna independiente”. Es decir, sacar a los minoritarios sectores ligados a la izquierda del acto común, y organizarlos en una columna aislada, detrás de toda la movilización, lejos del corazón de nuestra clase.

La izquierda entró a la Plaza de Mayo cuando el conjunto de los gremios ya había salido, y realizó en una calle lateral su propio acto, en que hablaron a la base de la propia izquierda. Sin el menor impacto sobre el conjunto de las columnas que habían estado presentes. 

Es hora y llamamos a los partidos que se dicen revolucionarios a cambiar esta táctica sectaria, autosatisfactoria, pero sin la menor incidencia en el conjunto de la clase obrera.

Luego del acto

Las propias diferencias entre los partidos patronales, sumada a la amenaza de un paro general, provocaron dos retrocesos del gobierno. Por un lado, la votación del Presupuesto, que consagra todo el ajuste y la “motosierra”, llegó con novedades, Los aspectos más irritantes -como los recortes a la discapacidad, a la educación y otros- fueron rechazados, en lo que Milei sintió como una derrota, al punto que se evalúa la posibilidad del veto presidencial a ese Presupuesto.

Por otro, el inicio del tratamiento de la Reforma Laboral, previsto para este diciembre, pasó a febrero 2026, ante la posibilidad de nuevas “sorpresas” 

Dos pequeños pasos, que permiten a la clase trabajadora prepararse  mucho mejor para la batalla contra la Reforma. 

La condición es no confiar en que la CGT luchará sola. Es necesario imponerle un plan de lucha, que inicie en un nuevo paro general. Eso solo se logrará con una fuerte campaña de explicación en las  bases obreras de todo el país. La izquierda si puede jugar un papel positivo en esto. Ahora tenemos más tiempo para hacerlo. Reclamar a los gremios como la UOM, que ya anunció que parará cuando se trate la Ley, que convoque desde ya a asambleas de base y plenarios de delegados con mandato para asegurar un gran paro, y presionar a que los demás gremios y la  CGT llamen un paro general. 

Es tomar desde las bases, desde cada fábrica y empresa, el debate sobre esta Ley, enfrentando a la vez la política del peronismo, que es buscar pequeñas modificaciones, pero aceptando el grueso de la Reforma, Y posar de “opositores”, llamando a defender “derechos” que una parte de la clase  obrera ya no tiene, porque han sido quitados por los distintos gobiernos anteriores, incluso los peronistas.

Hay que enfrentar la Reforma porque su derrota será un golpe al gobierno, que puede abrir el camino a su derrota final. Y  hay que enfrentarla con un programa obrero y popular, opuesto a lo que ofrece la CGT y el peronismo. Un programa que enfrente la pobreza obrera, la desocupación, el cierre de empresas, a través de medidas revolucionarias contra las empresas que ganan fortunas y, en la crisis, la hacen pagar a los trabajadores. 

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